En algún lugar,
con pistola en mano,
atraviesan las sombras
fuera de mi cuarto,
yendo, viniendo,
en su mar de aire frío.
Este es mi veneno,
caramelo de parca,
la mentira de un pasado
cercano, entre cartas y plumas,
tinta y papel quemado,
desnudo,
mi rito arcano,
frente al espejo,
en la mente
y en el cuerpo.
Pasé años omitiendo
toda responsabilidad,
en el peso de las palabras,
esa es mi verdad y castigo,
y solo me queda desear,
un sueño a color
que me de
una poca felicidad.
Y qué puedo dejar
tras abandonar la esperanza,
como un legado
que no sean mis letras,
iniciales o memorias,
bajo la lluvia
o frente al sol,
percudidas,
a la imposibilidad
de volverse otras.
Qué hay de los tesoros,
de las oportunidades perdidas,
apariencias y vanidad,
volviendo difícil es encontrar,
algo opuesto al dinero,
que brinde igual satisfacción,
similar a paz en el alma,
o el cobijo eterno
sin necesidad de morir.
Ilustración: "El cuervo en la celosía de la ventana" por Gustave Doré

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