Cuántos los kilómetros,
concedidos a nuestros pies,
estar vivo es una bendición,
nada justifica sufrir
por el mero derecho,
por anticipar el fin
de una alegría pasajera.
Cuántos los recuerdos,
desde la cuna al día de hoy,
arrojando las cartas en la mesa,
un par o tal vez,
una copa derramada,
el sonido del mismo latir,
templando los días,
y quizá,
apostando incluso el alma.
Cuántas las carcajadas,
el arrojo violento de amar
sin ninguna intención,
la bondad no cuesta,
pero los arranques de ira,
no se pueden pagar,
la deuda es una,
porqué
porqué,
de tantas lágrimas.
Cuántos los días,
la distancia,
palpitando a costa de esta
nostalgia maldita,
de la juventud escapándose
entre los dedos,
la vitalidad, la salud, el ímpetu,
y sí, la inmadurez también,
cuántos instantes que
lucen perdidos en la sombra,
pero son y serán,
precioso tesoro .
Cerca y sin preguntar,
vive el momento,
con los párpados cerrados,
palmas abiertas,
y el corazón,
siempre delante.
Ilustración: "Artemisa" por Renee Ridley

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