Mira bien, el circulo en mis ojos,
en ellos habita oscuridad,
observa
con detenimiento tu reflejo,
tan pálida y brillando en la noche,
eres
luna, eres banshee,
una sombra cubriendo mis sueños,
el agrado y lamento,
de un corazón descuidado.
Tu voz cae en la cúpula del templo,
donde conocimos el sabor amargo de un beso,
rondando por la densa niebla de mantener
cada párpado sellado,
acurrúcate en el recuerdo de corolas y cantos
de pájaros, fíjate otra vez,
olvidamos sus rincones y promesas
por explorar una u otra dimensión.
Mira bien, las nubes abrazadas con polvo,
dilatadas con pardo anís y carbón ardiendo,
donde las estrellas vierten su llanto,
y confieso con sinceridad,
apuesto por su fulgor naranja,
visión que sabe a promesa,
el fin es un destino,
y el destino resulta un laberinto,
vagando en la ruta del pecado,
una afrenta de gatos negros
y cabezas cercenadas.
Permite, permíteme otra vez,
posar mi mano en tu pecho,
como en la negrura de antaño,
reteniendo la dureza en nuestros huesos,
es el reencuentro con el amor que no pertenece a ninguno,
perdiéndonos en lo blanco de los ojos
y esa cruz negra espera delante,
ungiendo el invierno de tus deseos.
Seré anhelo,
una criatura de pesadillas,
presentes o enterradas,
tienes tú, por delante las tijeras,
levanta tu copa
y corta el hilo delgado en mi cuello.

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