Caminando sobre las huellas,
entre los dedos de tus manos,
llegas saludando y así,
agitando la mano izquierda,
te despides.
Felicidad, te vuelcas en los rostros,
desconocidos unos con otros,
sólo el tuyo manifiesta desconcierto,
reconocible en todo momento,
cubre con tus manos los números,
últimos de una especie,
respirando a través de la piel que separa,
aquel instante entre mundos,
entre nuestras mentes.
Todos los huesos tiemblan,
quizá sea tu voz la responsable,
viviendo de un parecer tras otro,
armonioso y cómodo dentro de la bóveda celeste,
levantas la mirada,
encontrando mis últimos instantes en la tierra que amo,
así de sencillo ríes,
así comienza y termina noviembre.
Hace un año salió de igual manera el sol,
entre los días cubiertos con plástico,
conforme tu mirada los dispuso,
moviéndose en tanto la lluvia cae,
no es extrañeza ni diferente contrariedad,
tan sólo hoy naciste,
hoy como las horas y sus días,
viviendo con todos los segundos en despecho,
matando los instantes,
abandonando las emociones efectivas en la nada.
Si alguna vez tu cabeza recuperas,
convéncete de vivir sin miedo,
la inquietud se desvanece,
son demasiados los días con sus noches...
Y las campanas suenan,
tus ojos sueñan,
imágenes grises que desencanta,
imágenes perdidas,
aislamiento de un sólo momento,
ahí donde la alucinación real es,
donde naciste un jueves,
en el silencio,
en la noche,
a finales de noviembre.

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