jueves, 9 de noviembre de 2017

"sisis"


Imagina un lugar apartado del tiempo y la distancia,
oculto como huesos enterrados,
el fracaso de nuestro pasado y presente,
el miedo en nuestras manos, en el sueño de siempre,
tan simple como terrible.

Hola tierra,
hola amor,
andando bajo un cielo nublado,
hola terruño,
hola odio,
rostro moldeado con arcilla,
si todo es silencio,
resultan irrelevantes nuestros días.

Hola,
saludan los parias y hermanos de guerra,
esperando su justicia,
retribución merecida.
en sus ojos nace, vive y muere la soberbia,
en su corazón converge el frío y la oscuridad,
ahí donde la noche y la sangre con misterio y condena.

Imagina posible un asilo para tu alma,
un instante de reposo ante el caos que reina afuera,
congeniando con la sexualidad reprimida,
en uno o dos días solicitarás extremidades nuevas,
cambiando el nombre con el que se van los días, 
imprimiendo un rostro carnal para deformar tu sonrisa,
ahí donde el futuro se confunde,
cuál puede ser el mañana correcto,
despertando para olvidar
o la vida defendiendo.

Bebiendo de las venas,
lujuria, santidad,
delirio y caridad,
comiendo desde las nubes,
pedazos inocuos para el corazón alegrar,
sí, eso mismo es enigma,
eso es un pasaje distinto,
perdiendo la justicia,
para ganar centavos que conformen una historia,
escribiendo sobre las rocas,
devorando un último instante de vida.

Hola al ocaso,
elemento ignorado,
no puede ser negado en un parpadeo,
no puede ser idealizado en un sueño,
detonándose por encima del cielo,
una ilusión,
rompiéndose cual estigma sobre piel,
muriendo van las estrellas.

Hola,
sólo es un nombre,
un rostro,
un momento sin nacer,
una historia escrita bajo la consciencia,
surgiendo de la pesadilla,
golpeando a través de los huesos,
un rostro tras otro,
estabilidad de los condenados,
de los dolidos,
permaneciendo en soledad.

Hola,
tiempo.


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