viernes, 10 de agosto de 2018

MURCIÉLAGOS EN EL CAMINO


Vamos dando patadas en el camino,
arrojando escupitajos a parabrisas ajenos,
cerveza caliente desde la boca del asco,
vuelta tras vuelta,
el volante se afloja,
concibiendo oscuras visiones,
nacen y vuelan,
vuelan y se estrellan,
tras el asta bandera de una nación rota,
el lado salvaje del camino.

Aventura que ruge desvalida,
en el interior de una mente torcida,
un auto robado, prestado, rentado,
descapotable,
con el sudor y el viento golpeando como rocas,
sombras en el cielo,
se conciben cientos de mujeres desnudas,
brindando sus tetas para que el mundo beba,
cerveza como único sustento,
una perla ilícita de naftalina.

Embarazo resuelto con espinas,
transcribiendo los efectos del polvo,
redactando largas circunstancias
 sobre las cuartillas,
descartadas como la vida,
quemándose bajo luz solar,

La mezcalina, los barbitúricos,
hijos incómodos de la maleta,
es siempre la maleta,
el cigarrillo, los lentes,
ojos perdidos, manos convulsas,
otra curva,
la máquina de escribir, los reportes,
el artículos, las fotografías, entrevistas,
el desfiguro, la enajenación,
suicidio, un conejo blanco,
quemada Vietnam.

Acelerador a fondo,
gritan los neumáticos,
pavimento blanco nieve un día de invierno,
es verano, consecuencias del amor idílico,
bebiéndonos la velocidad ilógica bajo las narices,
guardando el freno antes de matarnos.

Cadáver desnudo expuesto sobre tierra roja,
negro como el salitre y una voz que resopla sermones,
reconociendo el mismo rostro descompuesto, 
un juez supremo de los lagartos,
hombre de la pandereta,
blanco y rural,
atropellado por la mente perversa,
rompamos en el camino,

que se ahogue en el infierno…

Síntomas naturales del viaje,
abandonando los cuerpos,
el sol mira desde lo alto,
desde su éter infinito,
como resplandor fracturado,
un fuego de cuernos y preguntas áridas,
armas y un todo terreno,
los límites son para los viejos,
el maletín susodicho,
cordura de un cuchillo,
ningún consentimiento,
dueños del caos,
brincan las teclas y los hippies mimados
 se amontonan por un autógrafo,
se erige lentamente el polvo tras los pasos,
aquí vienen.

Sí...

Aquí vienen...




Ilustración: Ralph Steadman

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