martes, 1 de septiembre de 2020

DELATOR


Situé mis palabras,
en boca de otros,
haciéndoles daño,
miré las yagas, 
consentí curar 
mis heridas en 
el precipicio.

En mis manos
nacieron los gusanos,
fueron el sueño 
de un niño,
traicioné sus anhelos,
en mi, 
la edad triunfó. 

Fui yo,
y la otra voz...


Mis acciones,
fueron descubiertas
a plena luz,
como un hueco en la tierra,
y solté mi lengua
para mover mis labios, 
mi vocación es invencible,
sentimientos que se imprimen,
con el sudor de la vida.

Es verdad si lo digo,
delaté mis intenciones
y deseos,
olvidé mi corazón,
y maté 
todos mis recuerdos.

Cuando le sonreí a la noche,
prometí lo imposible,
no sucumbir a la seducción 
de la estera marchita,
aquella oscuridad
donde las moscas
hacen el amor.

Sobre esta tierra,
la idea de un cielo,
no es otra cosa que
la condena misma,
en visiones vi,
este universo colapsar,
canté bajo las luces,
mediando entre 
el ruido del sol 
y el silencio de la luna.

Cuando fui ave
corté mis alas,
nací perro,
para intercambiar
casi por nada,
mi corazón.

Mis palabras,
hicieron el mal,
fueron un eco
brillando de noche,
mientras los años pasan
sin voltear,
la carne resiente
toda su indiferencia.

Delator de injurias,
de la poesía,
de la juventud que se acaba,
sosteniendo en mis manos,
una jaula dorada,
guardando el aire,
porque las nubes vaticinan
una tormenta,
quizá hoy llegue el apocalipsis,
o tal vez, mañana...

Fui culpable,
de las promesas que firmé,
con la tinta que sustituye
mi sangre.

Y esta bajo mi carne,
corre por la ruta
de los recuerdos,
en vista del mal que hice,
en mi vida se cosechó 
los crímenes de toda,
toda la humanidad.


Ilustración: absurdian 

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