Un color desconocido para mis ojos negros,
el brillo de quienes mueren vírgenes,
bruma eterna,
tal como las mañana que
iluminan los huesos de los perdidos.
Este es el color que nunca calla,
soportando los embates de mi corazón,
emociones que se rebelan
contra su perpetrador,
ah, de este brillo incandescente,
el calor que mi cuerpo
demandaba en una suplica.
Aquí terminan los sueños,
frente a la pintura de guerra,
rompiendo la pureza,
navajas perforando cada entrañas,
sobre una hoja en blanco,
derramando por su borde,
palabras que se queman.
El suspiro es transparente,
dentro del fulgor de una hoguera,
donde el corazón se hincha con sangre,
y la noche palidece tras
el silencio que prosigue
de un disparo...
Cuál es el motivo,
la razón que no se revela,
quizá, a instantes de morir.
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