sábado, 12 de febrero de 2022

LUMBALGIA

 

Moviéndose está el cuerpo,
arriba, derecha, abajo, izquierda,
es la cultura del lagarto, del poderoso,
ágil determinación por evitar envejecer,
cuál es tu nombre, tu tiempo, 
desazón de los huesos que rechinan,
esta advertencia jamás grita.

El quiebre fue completo, 
cuerpo, cristales, pilares,
los muros de arena se derrumban,
sucede porque nada puede ser controlado,
desatando el brío de una bestia,
su insufrible mordida.

Estírate cuerpo,
sal de tu caparazón, 
cuida la cascara, rompe tu corazón,
estírate hasta tocar el sol,
dormido y roto,
recuéstate en la oscuridad.

Y es cierto, para estos día cuando la bruma
asienta en la mirada, no existe salida,
escape para este dolor y su eco en el hueso,
arrojándose contra los nervios, apretando la carne,
si corres, no irás vas a ningún lado,
no te apartes de tu hogar,
porque todo cuerpo necesita un funeral.

Ay, visión incesante del paraíso,
sensación real de descanso,
se arrastra lento,
pesado como una bolsa de carne,
cae de una silla,
es un llamado,
por dentro, una lamentación,
es el mismo infierno cada hora.

Redundante hasta amanecer,
otra ronda más,
redundante hasta desaparecer,
una cuerda que se rompe,
redundante hasta morir,
cayendo para siempre,
el cuerpo se rompe,
una vez más.

Arrastra tu pierna
en otro plano existencial,
insoportable, petrificado,
arrastra tu cabeza
fuera del cuerpo.

estoy cansado.


Ilustración: "Anulante" por  Nicola Samori

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