Vulnerable mundo, tierra, concepción de luces y sabores,
cegadores, empalagosos, músculos superficiales en el rostro,
convirtiendo en sueños imposibles estas arrugas,
por efecto trascendental de la edad, los ritos,
las iniciaciones, noches en vela dominadas por el sabor
agrio de las risas, el ardor soberbio del derroche,
un tercer mundo, roca girando alrededor del sol,
sentimientos de culpa, malgastando el tiempo,
suplicando solución barata, salida fácil para la locura,
y es cierto, el espacio suele ser blanco y vacante,
salvo por los sonidos, las voces recitando,
bomberos, poetas, salvadores sosegando un fuego,
ah, de los días que ya no existen salvo por la memoria
e incluso, esta traiciona, el olvido es un pan delicioso,
distorsión de las imágenes que se vierten como
lágrimas rojas, cayendo en remolinos sobre manos
ajenas, sobre los campos fértiles, sobre el lomo
y los muslos de carne, sin filtro, sin adorno,
quemando la ropa de aquellas quejas que se ocultan tras
las paredes gruesas o quizá delgadas,
cuán grata puede ser la espera, iniciando nuestra lucha
diaria con cuchillos y espadas, cortando con su filo,
el velo delicado de la membrana, hoy las agujas hablan,
habitan y sortean el destino de los débiles, de los vulnerables,
no es pesadilla, es una pelea real, por debajo del mismo
cielo que algunos ojos observan diferente,
un dolor en el pecho, fuerte, un dolor de cabeza
punzante, el año pasado, todo el tiempo invertido en nada,
consultas con uno mismo, robándonos el mejor momento
de nuestras vidas, tosiendo, moqueando, muriendo,
sin agua, sin aire, jadeando, sin aire, sin pensamientos
o palabras que se digan ufanas, sin aire, sin aire,
bajo terruños sin poros, sin otros colores que lo oscuro,
espinas que sujetan el cuerpo hacia su cama,
frágil como las hojas que se desprenden en otoño
envejecidas, su brillo ha terminado, iniciado,
reviviendo con tan poco sustento, modulando sus entrañas
primero, a dos piernas, a seis patas, una cuadrilla de alas,
y es cierto, las emociones pierden el juego,
lancemos el dado con ojos ciegos,
el brazo izquierdo extendido, frío, carente de más
emociones que develar el máximo misterio,
intercediendo a la muerte por vida, por suspiros que partieron
junto con el viento que se lamenta,
ay, de estos instantes de juventud perdidos,
ay, es demasiado tarde,
para disponer de un impulso de caridad,
es veneno y ha modificado los pétalos que brillan tras la ventana,
ascendiendo como fénix, rijosos, imposibles,
el peor de los años, lo difícil de ocultar la embriaguez,
subterráneo sin luz, ni esperanza, divagando en correrías
a pies descalzos, sobreviviendo a la carne descompuesta,
mirando quieta la eternidad, rodando los mismos
cadáveres silenciosos bajo la lluvia sucia,
dispuesto hacia el interior de la textura con la que
se teje la noche, fina, invisible, intocable,
inextinguible, bajan lágrimas como estrellas en una explosión
como si fuesen las últimas palabras,
famosas como el país de donde parten los héroes que
no lo son, que nunca nacieron de una madre,
a quienes jamás les sonrió un padre,
antecediendo el triunfo de la caída, destilándose relámpagos
de la mayor tormenta, pálidos en favor del rostro acariciado
por una mano extraña, sí, ese mismo rostro oculto de la luna,
partida, menguante, silente, sopesando las cicatrices
de una guerra de gritos, escupitajos, sombras, donde
vuelan los zapatos, aquí levanta el sol donde tú y yo morimos,
donde no tenemos nada que perder y un serafín de ominoso
brillo e incomprensible para nosotros,
sopla para alejar la nube gris de nuestra voluntad descarnada.
Comenzar envuelto por la refulgencia del amanecer,
creyendo que conoces la figura en el espejo como la palma de
una mano contigua que se desposa en el horizonte,
adormeciendo las rocas sobre una almohada sin plumas,
dejando la historia atrás, donde el infierno recordó sus proezas,
cartas de amor o no, la verdad no es amable con los prisioneros
del amor secreto, del amor subterráneo, del amor verdadero,
nunca es real lo que promete satisfacción,
hundido en la suciedad que reposa no muy lejos,
cuatro pétalos y dichosa sea tu suerte frente al espejo negro,
yendo por un suspiro, por un latido,
bajando a las cavidades de lo desconocido en este planeta,
tan vulnerable, estático por periodos largos que significan
el dolor corporal expedito,
es el absurdo de la palabra, de la visión fantasmagórica
de los días que nunca acaban,
como pesadillas tórridas de disturbios en las calles,
la transmutación del caos, más mentira, más letargo,
más bebida amarga, sodomizar a los vulgares,
luz que manifiesta la materia a una cansada vista,
nunca termina, nunca es suficiente,
es perdurable, inquebrantable, este mundo trágico,
vulnerable y frágil, un cuerpo chamuscado,
un cuerpo diligente y esbelto,
un cielo real, tierra consumida, espíritu indomable,
es la edad inflexible, esta que vivimos sin vivir,
dormimos sin soñar y sin movernos,
la contemplamos desde muy cerca,
o muy lejos.
Ilustración: Gustave Doré
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