Pronuncia tu nombre,
como si fuese el mío,
adentro en la oscuridad,
fauces de un romance sin esperanza,
el corazón deshecho de mis
últimos momentos.
Hoy, separar mis bienes de los tuyos,
eso quiero hacer,
escuchar mis palabras fuera de tu boca,
bocanada de aire frío,
que mi voz dormite junto a tu cabeza,
bajo la misma sábana manchada,
como veneno perpetuado tus sueños.
Seré las flores en tu ventana,
mirando cuando despiertes,
cuando duermas y forniques,
seré el monstruo bajo tu cama,
un pétalo cayendo del cielo,
gritando por siempre tu nombre.
Estaré en primera fila,
cada vez que susurres una victoria,
acercando el calor de una vela a tus párpados,
el eslabón más pesado,
arrastrando tu vida
el diálogo que no puedes romper.
Aunque no creas en la misericordia,
un ángel visitará cada noche tu almohada,
de estribo a estribo,
el fantasma negro que viste tus manos,
guantes, ojos, una pestaña perdida,
no crees en la salvación,
buscas matar todo el miedo.
Qué harás cuando muera,
qué dirás cuando mi sangre sea la tuya,
vagando por la tierra como una sombra.
Finjamos valorar los momentos,
idílicos en presencia de la carne,
del viento, del sol, durante las noches,
amor, fantasía, felicidad, enamoramiento,
mutuo, ajeno, placentero,
eres tú o seré yo,
dominando nuestro signo en el firmamento.
Quiero te cuestiones,
si vale lo mismo, en importancia y tristeza,
morir sin muerte,
dormir sin soñar en una vida colmada de sol,
a un costo imposible...
tras las máscaras que sonríen,
cae una lágrima tras otra,
en silencio
un castigo terso y cálido.
Ilustración: "Sísifo" por Tiziano
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