lunes, 28 de marzo de 2022

UN PUNTO ROJO

 
Con la voz perdida, 
andamos ciegos en la oscuridad,
con los pies descalzos, 
sobre alfombras de cruces y cuadrados, 
en blanco y negro,
andamos sin sonreír, sin parpadear,
en silencio, sin boca y ni rostro.

Parpadea un ojo,
sin voluntad propia,
cual punto rojo en el cielo,
malgastando las horas de este día,
es aliento, es calor, es vida,
sumergiéndose en una inmensidad,
el descenso en la consciencia.

Nadamos sin respirar, contando con los dedos,
los centímetros de un espacio sin explorar,
austero, vacante y frío,
nadamos sin temer a otra cosa que morir,
exiliados de nuestro pequeño mundo verde,
azul, café y caliente,
nadamos hasta perder toda sensación,
internados en lo que no se puede ver,
escuchar o imaginar,
donde no queda aire para gritar.

Se quema,
como polvo cruzando por un halo,
este punto en el cielo,
desconocido, sin hablar,
cuando la vida significa rutina,
escarnio, absolutamente nada,
es el descenso,
a una consciencia que nunca perdona,
a un agujero abismal,
donde no hay voz,
no hay aire,
donde nadie puede gritar.



Ilustración: "Atardecer de invierno" por Heinrich Gogarten

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