Es recurrente,
el sueño de largos pasillos
con pisos lustres,
altos edificios que parpadean
sus luces cegadoras,
es recurrente no entienda,
las palabras que salen por mi boca.
Toda fricción prevista,
es un golpe de angustia en la cabeza,
supuse libertad a un cuando no existía,
tratando de evitar cualquier daño,
cualquier estimulo que me gustara,
en esta tierra el sol nace para no morir.
Es capucha, es otra cara,
la sonrisa tras la vitrina,
es quizá un juego,
defendiendo con lo poco que alcanzo,
cartas, peones, los dados
partidos por la mitad,
en el centro de una casa de papel
que siempre se quema.
El sueño continua,
por las praderas,
por las montañas,
quedando fijadas en la pupila,
la que mira desde lejos este mundo,
cortado por el filo del sable,
es una deuda por cubrir,
cayendo despacio y elevándose sin medida,
con el sol debajo y la luna creciendo
encima de la gran ola.
Al despertar,
siempre y jamás,
supuse entendería poco,
a pesar del triunfo, de la excitación,
porque las noches son el gozo,
bajo las mismas estrellas, las bocas
y descomunales ráfagas de viento,
el rayo y su estela.
Ilustración por Katsushika Hokusai
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