Todos iniciamos así,
como líneas que conforman letras,
y estas, vertidas de una idea,
son nuestras palabras,
Una media verdad,
apuntada a favor del clima,
entre las tazas, los vasos, el agua y su esencia,
la tormenta abraza los continentes,
vamos comiendo salado y dulce,
la ocasión perfecta para controlar los sueños.
Sobre las hojas de un cuaderno,
la carne es anécdota sin nombre,
lavándose cada lágrima,
frías, saladas,
como tinta en la punta de la lanza,
deslizándose y marcando el destino.
Y cruzan los recuerdos como aves negras,
por un cielo blanco como un destello,
tan cegador, tan pesado, sin aire, sin sonido,
sin saber a dónde pertenezco,
dónde debería estar,
en una ciudad de calles pardas a medianoche,
o en medio del mar atrapado por un torrencial oleaje.
Vertí mi vida en un nombre,
el mismo que viste las piernas y manos,
de este cuerpo con escasa virtud,
aunque completo con esperanza,
mis hojas nunca renunciaron,
la carne tampoco, el ímpetu o el miedo,
mis ojos por fin se cerraron,
cuando la decepción no fue tal,
di vuelta y continué,
más allá de lo humano,
de lo posible.
Fotografía correspondiente a un cuaderno de notas del maestro Nick Cave

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