Hicimos de la vida,
con la música y las risas,
maravillosa sinfonía,
hicimos realidad un deseo,
de bañarnos con la resolana del sol,
ascendiendo en nuestro propio
océano despejado.
Bello cada día,
ahora que los meses se detienen,
lanzamos las botas para descansar,
lejos en la pradera de este verano caluroso,
un sueño que no termina,
con tanto por hacer.
Tomados de la mano,
continuamos viajando,
corrimos a través del bosque mojado,
los árboles no dejaban de llorar,
su olor a tierra se volvía agua y nadamos por horas,
llegando donde nace tanta arena de plata,
donde repetimos una y otra vez este día.
No pudimos parar,
montamos el viento y caímos
donde la noche abraza el mundo,
pero nuestros párpados nunca cerraron,
y volamos otra vez,
al palacio donde brotan las flores y el vino,
y las palomas visten largos vestidos,
no de blanco, sino del color majo de tus ojos.
Paraíso, te visitamos un momento,
largo y silencioso,
nos tomamos de la mano y fuimos
donde nadie más pudo antes,
el centro del universo,
iridiscente al caminar sobre su puente,
descansando de lo terrenal,
mojando nuestros pies en su dorado río.
Somos para lo que nacimos,
puedes creer su maravilla,
lo que siempre quisiste en tu imaginación,
los pinos altos, las playas interminables,
el agua brotante, cálida,
los colores transparentes en tu risa,
hicimos de estos meses,
un verano espectacular,
tocando lo profundo del cielo,
acomodándonos para leer el destino,
aun cuando en mis recuerdos,
sólo fue una tarde cuando llovía.

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