Un día después del otro,
despertando sobre una nube,
sobre los párpados,
apenas abiertos, apenas con un poco de color,
nubes parcas, son las siete como los dedos
en la mano, y cuento los pasos hasta la tierra fértil,
un día mejor que otro,
una pluma que sirve mejor bajo la lluvia.
La tumba está abierta,
es el precioso recuerdo que nunca se empaña,
el café llena el termo y éste la taza,
mi maravilloso castigo,
mi gozo perdido, contando en reversa,
en medio de este panteón,
en una ciudad que nunca calla,
el calor se bebe, ese que nadie habita,
cada palabra resucita,
la noche cuando nadie escucha,
tu voz, tu vida, tus días.
Bendito sabor,
transfiriendo el momento,
del pasado al futuro, al presente material,
lápidas sin brillo,
poesía ilustre ecumbrada,
aquí, donde duelen las páginas,
de lo que mi pecho no permite escapar,
un golpe de alegría, humeante,
ardiendo, y a lo poco, desaparece,
fulgor que destruye y recrea,
todo es verdad
o nada merece la pena.
Qué sentido tiene alcanzar la gracia,
complaciente y dual,
la sonrisa que desaparece,
va y viene la lluvia,
si esperar consiste en resistir,
cualquier esperanza es sombra,
un veneno dulce,
si la bondad se torna en algo malo,
el día se confunde con noche,
y el sol nunca más vuelve a salir.
(regresa por aquí.)
Ilustración: La Tumba (unión del cuerpo y alma) por William Blake
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