A mi parecer,
no quedan palabras,
sólo burlas y majaderías,
de los que viven en pos de corromper,
revolcados hacia dentro por sus olas,
en sus palacios invisibles,
como si cada una de esas palabras,
fueran ladrillo y concreto.
A mi parecer,
sus fauces permanecen abiertas,
son animales perdidos en la noche,
esperando amanezca cerrado,
nuestro cielo tan azul con nubes,
es su risa,
algo muy contagioso,
el veneno imperceptible,
nos espera agonía,
y una lucha por sobrevivir.
***
Somos pasajeros,
en este viaje de escalas grises,
embriagándonos con la sola existencia,
tan aburrida como entusiasta,
obligándonos a residir en castillos sin techo,
heridas mal curadas,
andando sin rumbo,
como seres sin hombre,
entre aplausos y burlas crueles.
Sembrando en el centro de nuestras ciudades,
ramos felices que jamás sonríen,
y osamos arrancar sus pétalos, uno a uno,
celebrando lo que encontrará final,
y con el aire estrellado,
se van por la ventana como un sueño
que nadie concibió,
rivalizando con la idea de un universo,
el útero y el jardín,
los pétalos y salud por ello.
A mi parecer,
no hay forma de medir un insulto,
su antes y después,
de lo que ven un par de ojos negros,
turbando su visión, las paredes que rompen,
y siendo víctimas del espejo,
siembran espinas en la sombra,
dispuestas a matarnos lento.
Las viejas burlas que rondan el aire,
siempre invisibles,
esperanza de los que viven
para malograr este mundo,
tan maravillo,
hastiado de tanto horror,
equiparando la paciencia del ser humano,
fértil, mezquino y curioso.
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