Ninguna promesa basta,
cuando las formas son malvadas,
en ojos negros que sólo ven la sangre,
y calaveras riendo a carcajadas.
Perdimos las corbatas,
los modales tan insulsos,
aquí viene otro cuerpo,
soltando disparos al cielo,
uno a uno vamos muriendo.
Ciudad de caos,
aliento de fuego,
espaldas quemadas,
viene el colapso del sistema,
caminamos en reversa sin pensar,
aquí es donde todo acaba.
Vamos descartando en quien creer,
citando palabras como moscas,
sirenas a perpetuidad y sin conocer,
suelten los caballos, los escorpiones,
pon un arma en mi cara,
pólvora en las manos,
y toda la intención de suspirar.
Aquí la noche nunca se liquida,
tras las rejas de quien anda en círculos,
pasillos donde la oscuridad respira,
mata entonces, mata o sé ultimado,
una máscara asfixia tu nombre,
lava tus lágrimas en la lluvia.
La voz es siempre la misma,
una pesadilla de siempre,
madrugadas llamándote,
qué sucede tras las ráfagas,
un cuerpo cae y a todos aplasta,
colosal, deforme, huye de las explosiones
en cuanto las nubes caen,
desde un cielo que chorrea rojo.

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