Andando con prisa,
cada día yendo hacia el borde,
sobrepasando los límites,
esos que nunca se dicen,
alimentando la ansiedad
que se comparte.
Cuán abierto luce el cielo,
si nadie ingresa al mirarlo,
tendremos el suficiente espíritu,
imaginación o voluntad siquiera,
algo de esperanza para quemar.
Gota tras gota inundan el suelo,
el calor de un refuerzo,
nada anticipa la bondad,
nada la derrota,
así cruzan unos con otros,
los días pegados a la pared,
un terror crucificado,
nada tiene el sentido de ayer.
Aunque tanto puede el deseo,
por regresar a lo permanente,
al sitio cómodo de la juventud,
con responsabilidad tan escasa,
ahora, todo es derrumbe,
y la edad incita matar los recuerdos,
sin el origen de nuestros errores.
Andamos ciegos,
inquietos por el paso del tiempo,
con la piel vuelta en arena,
el cabello en frágiles hebras,
cayendo despacio como piezas,
carne lacerada.
Atrás en el tiempo,
despertabas cantando sin lágrimas,
antes de sacrificar al mundo la inocencia,
hoy, sabrás de lo que hablo,
el café está caliente,
los zapatos boleados,
la ventana abierta,
basta un brinco de fe,
abandonarse al vacío del cielo tan abierto.
Ilustración: "Sibila" por Donato Credi

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