De esta vida a la siguiente,
cuál es verdad y cuál mentira,
si acaso resucitar es una promesa,
de nada sirve a la carne,
cuya esencia es toda muerte,
huesos antes que ceniza.
Algo nos trajo aquí,
una voz o corazonada,
el recuerdo absurdo de un hogar
derribado a medianoche,
dejando atrás,
en las huellas del silencio,
ceniza antes que hueso.
Bajo el ocaso mayor,
comienza otra vez el tiempo,
retira de tus manos,
púas y balas,
de tu nombre,
mis ojos,
lágrimas que no escucharás.
Cuán solitario es el camino,
polvoso en medio de la boca,
con largas noches a cuestas,
ajeno a cualquier victoria,
qué será entonces,
sino la muerte sin nombre,
en medio de la calle.
Cumplido el destino,
qué maldición queda por romper,
maligna desidia o un caminar solitario,
excluyendo cada brillo que parpadea,
tan lejano e inmutable,
qué fue de la voz que grita
salvaje en el corazón.
Ilustración: "Estrella del cielo" por Edward Robert Hughes

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