Si pudiera conceder tus deseos,
suspirar en tu boca,
la ilusión de un castillo en el cielo,
frío, distante, abierto.
Dime cuánto vale un beso,
uno que brille la eternidad,
el sabor de una sombra,
lo sublime de esta noche,
cuando mi piel sea la tuya.
Despierta a tu nueva vida,
desde hoy, gobiernas en mi nombre,
tu propio paraíso de mil sueños,
brinca de una vez por todas,
y corona tu voluntad con la mía,
Ven y cruza la tormenta,
sube las escaleras de tu palacio,
encuéntrame esperando,
totalmente a ciegas,
sabrás tú, mi dama,
el universo no es rival digno.
Acércate y escucha tras las paredes,
despierta, esta vida sólo puede ser tuya,
cuál de tus pensamientos revelaré,
cuál de tus besos guardaré,
ven y quédate,
ven y nada digas ya.
Concédeme un favor,
será mi única plegaria,
si escuchas con atención,
encontrarás quién soy,
lo que tengo para ofrecer,
un puño de recuerdos perdidos,
alas soñadas antes de cruzar
el umbral de toda eternidad,
hacia un circo de arrojo y ventura.
Dime, quiero escuchar de tus labios,
hola, Rey de la luna,
en mis ojos no veas lágrimas,
ilumínalos con el brillo de tu amanecer,
y aunque nada dure para siempre,
por hoy, a mis ojos,
sólo tú eres absoluta.
Ilustración: "Pasaje a la eternidad" por Gabriel Jurkić

No hay comentarios.:
Publicar un comentario