¿Quién supo, sino el espejo?
Demasiadas notas
y sangre en el escritorio,
fiestas con luces de neón,
palabras cruzando el ruido,
una razón a medio secar,
en medio del cerebro.
Enloquecido,
tras los párpados de súbito,
despertando y nada saber,
fue demasiada información,
en clave de sol,
en clave tras un vidrio borroso.
Imagina un mundo sin temores,
la pantalla es tu luciérnaga,
hambre para miles,
y una tarjeta que todo lo puede,
humanos al finalizar la semana,
espíritus que renuncia a todo,
el domingo por la noche.
¿Sabes lo que necesitas?
Cuántas horas, cuántos los meses,
estos años nunca son suficientes,
crecer no equivale a superarse,
humanos al finalizar el día,
carne pícara derretida,
este mundo es la mandíbula,
que a todos tortura.
Lavaste tus manos,
con guantes puestos, usados,
no malgastes el tiempo,
es lujo que pertenece a nadie,
tal vez, enloqueciste
sin notarlo,
con ambos ojos cerrados.
Tanta la tortura con sabor,
de vida programada,
doctorados y archivos reclutados,
el aire ya es otro, es noche y nubes,
repite, tras lo que hay en tu cerebro,
inminente olvido,
si tan sólo supiéramos,
hacia dónde vamos.
Es el mismo precio, un juego de siempre,
a dónde si marcado está el rumbo,
las imágenes de contagio,
las voces de olivo,
todo es el sueño de otro,
ilusiones que tuviste y ahora mueren,
demasiada información,
para jamás despertar.

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