Abre la puerta de tu casa,
el filo donde nace la guerra,
es tu mente sumisa a la duda,
abre fuerte tus ojos,
palabras fuertes,
para este mundo sin ventanas.
Qué hago con el dolor,
un fantasma acosa mi descanso,
tan fuerte esta sed,
contraria a la fe,
por qué el ímpetu debe ser humano,
un fuego inextinguible,
el corazón no cede,
ante la misma pesadilla.
Cuál la decisión,
si acaso un crimen,
siete dedos en cada mano
y el horror bajo la luna,
arrastra las cadenas,
ve a deambular por las calles.
Lo que te odia, espera,
en medio de la inmensa oscuridad.
Toma la corona y duerme,
recita en sueños lo pendiente,
alguna deuda real con la carne,
ardiendo frente a la nada,
eres poco, eres obscenidad,
coloca tu mano tras el fuego,
satisface esta pesadilla.
Estaré siguiendo cada palabra,
tras lo que señale tu sombra,
si no es engaño,
estaré aquí putrefacto,
muerto cual espina en la carne.

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