Convénceme de saber,
de complicar más las cosas,
para ti la vida es una
eternidad diminuta,
si acaso fuera verdad,
no volveremos
a lamentar ningún deseo.
No hay defensa,
quizá elevarse frente al espejo,
en cuerpo y conciencia,
cuántas mentiras nos decimos,
aferrándonos a nuestra
inocencia en pedazos,
poco antes de despertar.
Este mundo ganó con palabras confusas,
y más silencio del habitual,
sean las cuatro de la mañana,
las ideas, los sentimientos,
nunca duermen separados.
Y es momento de aportarle
al universo una bendición,
si del futuro nace la esperanza,
puede o no, haber consecuencias,
aunque la nuestra sea toda maldición.
Y tomo de la verdad,
aquello conveniente,
manifestándose en sueños,
por vivir demasiado,
así el velo de una realidad inventada
por el diablo, en su mentira de gozo
y olvido, de sangre y calumnia,
sabemos cuánto nos gusta la maldad,
y esa debería ser la última verdad,
elevada,
definitiva.
Ilustración: "El sueño de Fausto" por Carl Gustav Carus

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