Callado al entrar en luz,
un sueño cálido,
de manos húmedas,
ahora, sellar el destino,
es un cuarto vacío.
El filo irrumpe en la carne,
un corte, tercer ojo,
si el cuerpo se enfría,
ten por seguro que las puertas
están cerradas,
sin ánimo,
en silencio,
quién eres,
sino un espectro.
De lo último,
breve, suspiro,
un sonido ahogándose,
estoy en los mares sin nombre,
perdiendo lo que decimos "tiempo",
es un dolor parecido a lo eterno,
ojos abiertos,
palmas extensas,
pies levitando,
es un breve,
breve,
breve.
Te manejas a oscuras,
dejando la lluvia,
sin hogar o consuelo,
frío, solamente,
la diferencia entre nosotros,
viviendo el sueño,
con los párpados echados,
sin medir acto
o consecuencia.
Cruzamos,
otra vez observando,
si el aire levanta o no,
inútil afrenta,
que podamos interpretar,
sin palabra,
desarmados,
callados,
al entrar en la luz,
en ahogo
y
el
descenso.
Ilustración: "De El Cuervo" por Gustave Doré

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