Mánchate las manos,
cuando toques mi rostro,
con tu sangre o con ajena,
vierte el secreto en tu vestido,
esta noche,
nos despojaremos de las formas,
adiós huesos,
despídete de la carne.
Mánchate las manos,
cuando amanezca y asesines otro amante,
de la voz en tu cabeza,
un arma filosa,
envíame una carta,
la que escribí hace diez años,
pinta un cuadro nuevo,
tal como si me hicieras el amor.
Envíame la carta,
el paquete con una bomba dentro,
el racimo negro de tus mechones,
tu vestido blanco,
el anillo quemado,
eres y somos,
espíritus que despiertan de noche,
cuando otros cuerpos celebran.
Mánchate las manos,
cuando toques mi rostro,
levanta toda la ropa del suelo,
no pronuncies nunca tu nombre,
utiliza para tu pluma negra,
la tinta de besos perdidos,
subrayando los detalles
para morir y volver,
a este mundo en plena huida.
Heredaremos la corona de espinas,
máximo trofeo de sangre,
levántala ahora y siembra tu pesadillas,
envíame tus regalos,
y daré a ti mis deseos de bondad,
vayamos a un lugar solitario,
para despojarnos del frío,
de otro invierno ciego.
Confrontemos tus manos y mis pies,
las entrañas viejas,
los cimientos ridículos,
nuestras capas deteriorándose,
aun cuando la sociedad porte vestidos,
albor de una nueva era,
desearía estar enterrado,
entre gusanos y sangre y delicias de pan.
No es motivo de vergüenza,
mánchate las manos,
cuando toques mi rostro,
mánchate las manos,
cuando arranques un nuevo corazón,
tus manos,
tan rojas como el ocaso.
tan rojas como el ocaso.
El cuchillo está desnudo,
hundido en el fondo del suelo,
liberando miel color sangre,
mánchate tus manos,
con el vino jugoso y delgado,sigue mi última voluntad,
mánchate las manos

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