sábado, 15 de diciembre de 2018

EL PORTERO


Es medianoche,
sentado en la orilla de la cama,
en el límite del mundo,
pensando,
una vela cuya flama pronto morirá,
le deseo un buen día,
faltando horas para despertar,
es el único camino conocido.

Y me limito a sonreír,
un vestíbulo elegante,
tan abarrotado de gente,
alta sociedad con tantos secretos,
un alma sucia dentro,
me limito a permanecer,
tan quieto, tan silencioso,
una de tantas noches,
en tanto duermen las buenas consciencias...

Levanto la última llave,
resguardando las puertas,
sirviéndome del criterio,
tan sólo una ilusión,
tersa como las nubes en el cielo negro,
cruzándose frente a mis ojos,
nada pueden ver,
nada desean hoy.

Madrugada de mis deseos febriles,
fugándome de la prisión,
carne y hueso y nervios y otros pensamientos,
estas manos, recibiendo sus pagos,
por siempre incompletos,
pero son mías,
estas puertas,
con la mirada fija,
con las manos tan frías,
con los pies cercenados,
la mirada tan muerta.

Sentado en la orilla del mundo,
recordando los días,
aquellos borrados,
placenteros,
cuando el eco no significaba miedo,
derogando leyes tan extrañas,
insignificantes en mi parecer,
con el rostro postrado bajo la lluvia,
me he perdido,
otra vez de tantas que no puedo mencionar.

Llegarán los años,
pasando frente a la puerta,
tengo la llave principal en la mano,
un cuerpo delgado,
dientes perfectos,
mirada sana,
otro ejemplo de bendición,
enfundada con signos de admiración,
esperando el amanecer,
nueva vida,
como tierra prometida de mi propia
 imaginación,
frágil como mi respiración,
ahora puedo ver mejor,
ahogado estoy,
solitario y condenado,
a permanecer exhausto,
sólo conmigo mismo,
es verdad,
la noche nunca terminará.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario