Medianoche,
al filo de la cama,
el sueño de otra vida,
algo que no sea una sombra,
algo que no me envenene
los párpados,
es aquí,
el borde del mundo.
el borde del mundo.
A mitad del camino,
una vela pronto morirá,
como los viejos deseos
cuyas promesas parecían
flotar como las horas,
despertar es lo mismo,
cuando la vida es toda
calumnia,
toda desesperación.
Calla, limítate a sonreír,
poseer un cuerpo es tortura,
cuando lo que más vale,
es medir tu alma sucia,
ante un vestíbulo
abarrotado con gente,y me limito a sonreír,
quieto y sin voz.
***
Levanto la última llave,
resguardando las puertas,
sirviéndome del criterio,
tan sólo una ilusión,
tersa como las nubes en el cielo negro,
cruzándose frente a mis ojos,
nada pueden ver,
nada desean hoy.
Madrugada de mis deseos febriles,
fugándome de la prisión,
carne y hueso y nervios y otros pensamientos,
estas manos, recibiendo sus pagos,
por siempre incompletos,
pero son mías,
estas puertas,
con la mirada fija,
con las manos tan frías,
con los pies cercenados,
la mirada tan muerta.
Sentado en la orilla del mundo,
recordando los días,
aquellos borrados,
placenteros,
cuando el eco no significaba miedo,
derogando leyes tan extrañas,
insignificantes en mi parecer,
con el rostro postrado bajo la lluvia,
me he perdido,
otra vez de tantas que no puedo mencionar.
Llegarán los años,
pasando frente a la puerta,
tengo la llave principal en la mano,
un cuerpo delgado,
dientes perfectos,
mirada sana,
otro ejemplo de bendición,
enfundada con signos de admiración,
esperando el amanecer,
nueva vida,
como tierra prometida de mi propia
imaginación,
frágil como mi respiración,
ahora puedo ver mejor,
ahogado estoy,
solitario y condenado,
a permanecer exhausto,
sólo conmigo mismo,
es verdad,
la noche nunca terminará.
resguardando las puertas,
sirviéndome del criterio,
tan sólo una ilusión,
tersa como las nubes en el cielo negro,
cruzándose frente a mis ojos,
nada pueden ver,
nada desean hoy.
Madrugada de mis deseos febriles,
fugándome de la prisión,
carne y hueso y nervios y otros pensamientos,
estas manos, recibiendo sus pagos,
por siempre incompletos,
pero son mías,
estas puertas,
con la mirada fija,
con las manos tan frías,
con los pies cercenados,
la mirada tan muerta.
Sentado en la orilla del mundo,
recordando los días,
aquellos borrados,
placenteros,
cuando el eco no significaba miedo,
derogando leyes tan extrañas,
insignificantes en mi parecer,
con el rostro postrado bajo la lluvia,
me he perdido,
otra vez de tantas que no puedo mencionar.
Llegarán los años,
pasando frente a la puerta,
tengo la llave principal en la mano,
un cuerpo delgado,
dientes perfectos,
mirada sana,
otro ejemplo de bendición,
enfundada con signos de admiración,
esperando el amanecer,
nueva vida,
como tierra prometida de mi propia
imaginación,
frágil como mi respiración,
ahora puedo ver mejor,
ahogado estoy,
solitario y condenado,
a permanecer exhausto,
sólo conmigo mismo,
es verdad,
la noche nunca terminará.

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