I.
Un solitario.
Mantente en el camino,
al sur o norte,
donde no te permitas olvidar la
tormenta,
con la vista al frente,
más allá del polvo, del viento,
de los hogares de madera y
las constelaciones negras,
lejanía enmarcada tras líneas de luz blanca,
reflejando el brillo de cada ojo
como si
fuese una perla sumergida,
cristalino e inamovible
en un sueño del paraíso con sus largos campos floridos,
disolviéndose lento en
un susurro,
y con ambos pies por delante,
en la ruta que convenga colocar la mente,
esperanza en el camino de un sueño solitario,
para siempre lo eterno,
imposible de vislumbrar a corto plazo...
II.
En la mira, un dardo, una bala, una opción para escapar del
movimiento de la escopeta.
Ciudades de polvo,
saturadas con los recortes y papeles y escupitajos
de pobladores sin cabeza,
transcribiendo el mismo discurso una y otra vez,
sobrevivientes del amanecer,
por favor, no griten, no supliquen,
avanza el cenit, la luz en la circunferencia del cielo,
avanza el cenit, la luz en la circunferencia del cielo,
concentrando virtud, es humanidad,
por favor, no se asusten, no disparen,
nos son palabras simples contemplándose tras el espejo,
los estereotipos, las opiniones, los artículos, los poemas,
respondiendo fuerte a las proezas,
pariéndose para su complacencia
bajo el sol diferente de los campos, valles
a mitad de cada viaje y besos,
a mitad de cada viaje y besos,
escritores de páginas amarillas,
de loables facturas en revistas cercanas a la pantomima,
la tendencia de hoy es el ostracismo,
señalando la meta, el mismísimo destino,
ahora y como siempre lo quisieron:
Disparen, disparen al loco,
disparen al ídolo,
disparen al poeta,
disparen al músico, al cantante,
disparen al trashumante,
disparen al trovador.
Ha detenido con la palma de la mano,
un relámpago, un milagro, las palabras profanas,
el trotamundos, pisadas de un vagabundo, de un callejero,
inventando cada instrucción de polvo,
divergente de todas sus formas y esferas,
dibujada como un cuerpo, un rostro, una señal,
faena con potencia de locomotora,
faena con potencia de locomotora,
rasgando las cuerdas, merodeando a través de las ciudades,
discutiendo con los núcleos, los átomos,
la proyección de efemérides nuevas,
tan inmerso en el solsticio de penumbra,
los días nacen distintos, únicos, bellos o deformes,
será tiempo para discutir y tragar las preguntas,
la mayor de las respuestas una vez pasados los años,
telones de arena, tras los párpados e ideas…
III.
Manías sobre seis cuerdas.
IV.
Triste despertar: otro día de mierd*.
V.
Tú y yo... a través del camino.
III.
Manías sobre seis cuerdas.
Luces de automóviles en la oscuridad,
arrancan desatadas sin pestañas,
par de ojos nerviosos cuyo tránsito no detienen,
transitando el gran pasillo negro de la ciudad,
derribando tumbas de héroes que figuraron en
ninguna realidad, agentes del servicio y avejentados,
ninguna realidad, agentes del servicio y avejentados,
martillando las calaveras con agujas,
siguiendo el ejemplo excelso de un día complicado,
y su legado fue, un carácter de sentido mutilado,
y su legado fue, un carácter de sentido mutilado,
porque tanto importa el dinero,
los bolsillos continúan llenándose,
y poco importa tu identidad,
bajo la visión juiciosa somos iguales,
hijos irrefrenables del desastre,
nuestras caras son la misma roca sin brillo,
escribiendo una rutina llena de disparos,
canciones de amor desvencijado,
canciones de amor desvencijado,
canciones con cualquier estrofa,
enmudecida para excitar a los pervertidos,
enmudecida para excitar a los pervertidos,
hombres de negocios celebrando sus miedos,
con la mente partida, con su doble exacto,
carentes de finura, llegando por donde nos fuimos,
cuando la música suena es excelso pecado,
cuando la música suena es excelso pecado,
y trovadores de la colonia olvidada
huelen a loción de pocos centavos,
hambrientos y diligentes perdiéndose en un sueño,
el susurro persistente de las noches,
y conocen lo que las cloacas gritan,
los neumáticos revientan,
las cuerdas explotan,
sobreviven seis de doce,
sobreviven cuatro de ocho,
sobrevive la esperanza en Dios.
Él nos salvará.
Secundan boletos falsos,
nadie verá el espectáculo sin comerse sus huesos,
cadáver espinado, perdido entre los árboles marchitos,
cadáver espinado, perdido entre los árboles marchitos,
pueden decir lo que prefieran,
el mundo es libre y es mayor caos y otro cementerio sin voz,
el mundo es libre y es mayor caos y otro cementerio sin voz,
nadie está por encima de ti,
eres el músico, el poeta, el otro yo, el sentido y el filósofo
quien pregunta y responde,
inconcluso, finado, el número, el centro, una “o”
racimo deslucido de imaginación,
suspendido en el aire frente al camino,
levitando por encima de los autos y camiones de carga,
en la fiesta de fin de año donde participan corruptos y marginados,
en la fiesta de fin de año donde participan corruptos y marginados,
festín de colores pardos y hambruna que resplandece al ocaso,
y tecleas lo que nadie comprende,
"Ya están muertos..."
Doblando sus tobillos en la esquina cercana,
soñando con el misterio de la repartición ideal,
"abajo el marxismo, arriba el neo liberalismo",
"abajo el marxismo, arriba el neo liberalismo",
o al revés tras un sosiego de inverno,
concepción abrupta del revolucionario ebrio,
concepción abrupta del revolucionario ebrio,
significa para todos lo poco para uno,
desechos químicos alcanzando el altar,
llegados en la mudanza de soldados con uniforme blanco,
y ellos disparan,
y ellos tocan las guitarras,
y ellos nos sueñan a nosotros,
nadie vendrá, no hay cena,
viste sus huesos colgados y secos en el desierto,
la gente no vendrá.
(los tiempos continuarán igual…)
IV.
Triste despertar: otro día de mierd*.
Abandonas el país de los mimos,
caes directo en el callejón de los vagabundos,
sin techo por elección, ofreciendo drogas de pavimento,
polvo para hornear, pastillas para nunca soñar,
evitando dormir para roncar,
evitando dormir para roncar,
recuerda tu nombre porque no lo has perdido,
antes de ser atracado con un pie fuera de la cama,
existen aun las historietas porno,
diálogos con el alma pendiendo de un hilo,
alma de todos y ninguno,
cuando el fuego parece extinto,
todavía, fumando una madrugada de tantas,
las miradas lucen tan oscuras,
desenfocadas.
desenfocadas.
Te arrojaron del auto principal,
ibas sentado cuando el mundo giró,
ibas caliente y cómodo,
fue honda la caída, un golpe fatal,
fue honda la caída, un golpe fatal,
y todavía tienes el corazón roto,
las perspectivas poco importan,
un cuerpo conveniente,
descompuesto bajo las farolas de la noche,
y te levantas cuando otros muertos resucitan...
Oh de los recitales abandonados,
de las máquinas oxidadas,
mil guitarras eléctricas y percusiones subatómicas,
ojos morados por la pelea definitiva,
previniendo un mayor desastre,
congelándose en persecución de testigos,
amando lo que no se puede recuperar,
momentos propicios para llorar,
cuanto desperdicio de hojas en tinta quemada,
letras que envejecen en el abandono,
vagabundos se beben la transparencia del aire,
cristales rotos en el callejón, otros placeres
de alcantarillo y cuerdas rotas agarradas del pescuezo,
nadar a la luz de la luna como recién fugados,
en la sombra del embarnecimiento temprano,
esperando por comer un día más
y todos los rasgos,
todas las razones,
las horas compensando el sacrificio,
coronándose como único destino,
desvaneciéndose al amanecer.V.
Tú y yo... a través del camino.
Vamos de regreso a casa,
tu mano y la mía,
como dos amantes dispersos, congénitos,
leyendas tras la bruma húmeda y otros deseos,
girando como rocas en un mundo sin control,
forajidos que nada supieron ni temieron,
carrera contra el tiempo sin contemplación,
a mitad de los años sesenta,
sin otro lugar a dónde ir.
Consulta son tus párpados,
el sol nunca podrá cegarlos,
coloca una nueva carga,
no tengas miedo de fallar,
no apuntes a tu cabeza.
La botella está vacía,
supuran las heridas,
lágrimas de enervantes andanzas,
sobre pueblos donde el calor afloraba,
la oscuridad asciende,
no apuntes a tu cabeza.
no apuntes a tu cabeza.
Victimas de la tormenta seremos,
llegando más allá del tiempo,
días pasajeros de nuestro transporte,
barato, pero no cualquiera puede abordarlo,
solicita un cuaderno para las normas apuntar,
en la carretera no hay dueños.
Maquillando el ánimo,
bebiendo del agua de la tierra prometida,
como dos leprosos, calaveras sin relojes,
aprendiendo de pasos equivocados,
detrás de nosotros un sonido externo,
tampoco se detiene,
no creemos en la muerte,
padeciendo de muchos dolores,
aunque siempre soltamos carcajadas,
no apuntes a tu cabeza,
mira ahí está,
por quien buscamos satisfacción,
sujeta bien la guitarra,
ajusta una vez más tus botas,
la noche nos expone a su juicio,
bajo la mirada de lo desconocido,
dame tu mano
es el momento de la verdad.
Dispara.
Dispara.
Dispara.

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