Y soy feliz,
te escucho,
escribo en tanto leo,
escribo y tu voz conforma la piedad en el ambiente,
una enseñanza de oriente,
una expectativa sobresaliente en la vida.
Juntando ambas manos
mi nombre es uno,
sufriendo la palabra,
respirando ardiente carbón,
frío de montaña,
espíritu ligero,
parpados apagados,
he previsto el comienzo,
nada más que la soledad.
Tú contigo.
Yo conmigo.
Hablando y respondiendo,
escribo mientras escucho tu voz.
Caminado,
durante horas,
en otros momentos,
expectativas de viajes,
bajo la montaña,
regresando
es el fin,
un trance,
asimilando el color verde,
vida, dualidad,
son tantas las plantas,
duermo de noche,
todas las plantas,
vagabundos etéreos,
sueños que brillan y se alimentan,
más allá de la ceniza,
bebiéndose la noche,
el sonido perdido,
estrellas.
Corazón en el centro del universo,
es el viaje,
una y otra vez,
rodando en descenso,
es carnalidad,
significado,
ascenso,
espíritu de una causa,
espiral y colores,
afuera es un movimiento,
antiguo,
cansado,
sobreviviente.
Trabajador.
Una es la tierra.
Los colores, tantos...

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