martes, 11 de diciembre de 2018

TODA LA NOCHE


Vayamos a fumar un rato,
lejos de cualquier salón,
afuera donde no existen los candiles,
lejos del rumor de los muertos, 
lejos de las luces,
un rato fuera de nuestros cuerpos.

Salgamos a caminar,
un momento eterno en la oscuridad,
orando por la misericordia de Dios,
desprendidos de sangre y el cuerpo,
la vida sucede más lento.

Parecemos muñecos,
tan faltos de movimiento,
en nuestros corazones, devastados,
y vemos cruzar ambulancias,
frente a donde otros disparan,
mostrando sus fauces.

Si abres los ojos,
verás la cama con las sábanas blancas, 
con esencia tibia, apenas desprendida, 
yéndose junto al brillo de la luna,
amanece y las sombras esperan tras de la puerta,
la vida es una fiesta que poco a poco termina.

Escucha a enero gritar,
cuando el frío quema como la zarza, 
incendiándose con media ciudad,
afuera en las calles,
la curiosidad es una afilada navaja,
una broma pesada,
un rostro de plástico,
derritiéndose frente al espejo.

Cruzan sirenas el mar negro,
igual a tantas noches en vela,
sobreviviendo bajo los párpados,
suplicando por luz de día,
y nosotros sentiremos sed, 
tal vez un ataque cardíaco, 
porque la supervivencia es del más apto,
aquel con dinero,
aquel con el arma,
soñando como lo hacen los muertos,
cuando una jeringa no es suficiente,
nuestros ojos son bombillas apagadas.

Toda la noche,
la ciudad llora,
siempre antes de dormir,
vamos, fumemos,
una última bocanada,
vamos, bebamos,
el último trago de amarguras.

Y van las ambulancias por las calles,
toda la noche, 
cuando el lobo sale a cazar,
todos al mismo tiempo hablan,
no hay más luna o estrellas,
salvo por la eterna luz eléctrica.


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