Manos de cristal como azul es el océano,
responde a tu amo, seis metros bajo el suelo,
cortando cabezas por doquier,
este poema y su espíritu,
cena a luz apagada del monstruo.
Llena con alegría todos tus días,
brilla fuerte el sol en tu destino,
aun si el mundo se pudre sin albor,
andando hora tras hora,
huellas de sangre descienden por tu cuello,
todos los sueños visten piel extraviada,
todos los sueños son furia desencantada.
Y mírame en la pupila,
desde tu jaula de oro y calvario,
sanemos de todo vicio desperdigado,
regresando por más, carne, bebida, adoración,
ídolos falsos de profana sabiduría,
arranca las espinas de la corona,
come una por una y besa mis labios,
hielo a espaldas de un recuerdo absuelto,
come las espinas,
amanecer de la pesadilla,
encuentro telúrico,
desde lo sagrado,
enunciando su ofrenda,
ofrenda a lo profano.
Ay, ay de ti,
corazón azul de nocturno soldado,
mírate en el espejo y realiza tu elección,
el mundo ya no gira, arde en el designio
de la poesía, clavada en un cuadro
con marco de cedro,
ay, ay de ti,
corazón azul que sangra y sangra,
rostro moldeado con arcilla,
cuerpo expuesto al sol,
inolvidable templo de energía extraña,
ay, ay de ti,
destino maldito que nunca olvida,
tiritando a través de las heridas,
esta mente abierta que solo vomita,
ay, ay de ti,
mundo propagado en infamia,
rompiéndote entre los dedos,
dedos que no fallecen,
deuda eterna poseen con sus manos,
manos de cristal azul,
ahogándose bajo la tinta,
un mundo realizado en papel.
Puerco espín que yaces
como un susurro
en tu agujero.
Puerco espín que te alimentas
del miedo.
Puerco espín que tiemblas
tras la tiniebla.

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