Aquí estamos,
bajo un cielo indiferente,
en tierra profunda,
donde el silencio es hermano
y suplica la lluvia,
donde la desgracia es hermana
y un corazón desconocido.
Descansando encima de las nubes,
las sombras vierten su sangre,
imaginándose de otro color,
un arcoíris negro levanta,
aquí, donde es delgado el aire.
¿Qué habría de cambiar?
Si esta tierra tiembla,
concentrando los sueños
en un solo tormento,
donde las palabras yacen
rotas, perdidas,
cuando los rostros han
partido, quedándose muertos.
Concebidos desde el átomo,
tan agridulces,
consagrados en una pasión
que no se detiene,
necesitando una voz,
una sensación de peligro,
que arrastre bajo la piel,
nuestros nombres...
Suciedad volcada en el aire...
Y son tantas las manos
que se pierden en la lluvia,
vírgenes de los huesos,
imaginando gotas de saliva,
doradas como tus ojos,
y sonámbulos,
como el crepúsculo.
En un anhelo secreto,
el vaso que derrama licor,
es la visión del paraíso,
altura que sólo conocen
en sus sueños los titanes,
y sobre este corazón,
una brocha que vierte
un arcoíris negro,
el rencor,
las visiones.
Las suplicas,
las espinas de la muerte
y tu rostro.
Ilustración: L’Amour dorloté par les belles dames por Mina Loy

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