Ay, de palabras necias,
cuando miré este cielo al
otro lado del mundo,
y el azul fue igual,
ay, de todas las revelaciones en esta vida,
conocimiento, virtud o vicio,
porque la dicha parece
un circulo sin final.
Escuché cuando preguntaste con humildad,
¿Qué es la libertad?
Si acaso, tenía algún precio,
tan sólo para los necios.
Hubiste mirado de frente sin temor,
con ambos ojos,
ese pelo oscuro y mirada roja,
conociste a cabeza de perro,
llevando su trono a través de los pilares
fríos, posando su corona en el centro,
bebiéndose el agua de catacumbas,
su báculo se volvió serpiente
a orillas del río,
mira y déjales beber,
la sangre que reclamaron,
que beban,
la sangre que no les pertenece.
Y saliste del agua,
donde el mal no puede alcanzarte,
con una promesa en las manos,
cabeza de perro,
es señor de las mentiras,
calzado desde su trono,
interfiriendo con su voz,
con su dedo, sus espadas,
tienes moscas en la cabeza,
ranas bajo sus pies,
y vacas muertas
en sus praderas.
Vuelves por donde viniste,
orando a tu Padre,
arriba,
donde este mundo termina,
tu Padre, es Yavé.
Intercede por mi,
limpia mis pecados.
Escuché decir al mentiroso,
que la libertad resulta un engaño,
pero sólo tú,
conoces lo que es un milagro,
cuando afuera,
en la lluvia helada,
cayeron rocas envueltas con fuego,
devastando la tierra,
cuando afuera,
una sombra con alas,
acechó los campos,
devorando toda la comida.
Y cabeza de perro,
quien era rey,
no se humilló,
aun cuando,
sacrificó a sus iguales,
permitiéndoles vivir,
entre las desgracia y
su miedo.
Ay, entonces,
de lo que vendrá,
para el centro del mundo,
una ciudad de bellos palacios,
narices que sangran,
hijos de Dios,
con el castigo en sus manos,
aguardando ser tal como nacieron,
libres.
Y cayeron tres días,
sometidos en la oscuridad,
caminando a tientas,
los mentirosos,
los ladrones,
los asesinos.
Nunca más vieron el sol.
A pesar de la advertencia,
cabeza de perro,
adjudicó obstinación,
derramó saliva,
erigió el filo de su cuchilla,
sobre la tumba de sus antiguos,
blasfemó.
Yavé previno.
Yavé anunció la muerte.
Comiste el cordero con tus hermanos,
hallaste una razón,
con tu Padre,
un brillo fatuo ilustró tu camino,
antes de la tempestad,
antes de los gritos.
Saludaste a tus hermanos,
y acudiste para sellar el pacto.
Cabeza de perro,
miró el mundo con diferentes ojos,
su corona fue una farsa,
dibujando su destino,
en las estrellas,
miró el mundo con diferentes ojos,
cabeza de perro,
lloró.
Yavé.
Eres el Único.
Y la muerte,
se arrastró a medianoche,
por cada rincón,
miró las puertas y postes marcados,
respetando el pacto,
con Dios.
Y la muerte,
se arrastró,
tomando de los primogénitos,
su mentón,
llevándose sus recuerdos,
sus movimientos,
despertaron sus padres,
la muerte,
la muerte,
se arrastró.
Se arrastró llevándose a los hijos...

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