Con el viento a nuestro favor,
una luz colma la distancia,
compartiendo una mirada,
un latido más allá...
Rozando las nubes,
con nuestros dedos,
un aliento por mil,
distinguiéndose en el cielo,
tapando nuestros pies
con arena, con agua salada,
un sabor que se replica
en el viento.
Aquí vienen las olas,
en un rugido que nos lleva,
chocando contra las rocas.
Aquí vienen,
las gaviotas,
saludando desde las alturas,
nosotros,
recostados sobre la playa blanca.
Viento a nuestro favor,
sin fronteras a la vista,
sólo una línea en el horizonte,
y toneladas de mar,
escuchas lo que dice,
cuando revientan las burbujas,
un estanque libre
para nosotros dos.
Van de aquí para allá,
estos peces de cuerpos verdes,
son esmeraldas, son negros
como la obsidiana,
brincando sobre las rocas,
donde el sol, dice hola,
descansan sus voces,
invitando la noche,
una hoguera y la brisa,
donde la playa es oscura
y nuestro latido,
más cercano.
Dime,
si nuestra imaginación es el límite,
donde la playa blanca
y el cielo azul,
confunden sus ojos,
donde nuestras manos,
se vuelven una...
Y nuestras huellas,
rastro que se pierde
en la memoria de los días.

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