No temas,
si acaso te has visto
fallecer en un sueño...
la paradoja sale
a tu encuentro...
En el contorno de tu sombra,
ayer, cuando te saludó el espejo
y encontraste mis ojos,
quedaron marcadas tus huellas,
Un sólo día,
de experiencias y ecos,
aquello que tuviste a manos
llenas y ahora,
dejaste escapar con
un soplido del viento.
No temas,
si acaso has sentido
la intemperie en tu destino,
escalando alto
y descendiendo muy rápido,
con el ardor en tu boca,
es ceniza incandescente.
Somos carne que explota,
nunca estuviste más feliz,
filtrando la luz las mañanas,
prometiendo silenciosamente morir.
Este cuerpo convulsiona,
sin tu nombre,
sin tus caricias,
sin tus adoraciones,
este cuerpo no sobrevive...
sin el éxtasis de tu memoria...
Y he aquí,
el crepúsculo de la mortalidad,
con la lengua posada
entre tu mano y el vacío,
naufragando,
prisioneros y libertinos.
¿Quién eres?
Si cierras las puertas para entrar,
ardiendo bajo el agua
y controlando toda culpa.
¿Quién eres?
¿A quién culparás?
Te encuentras en un callejón
en medio de la madrugada,
sin la luz de tus ojos,
andando sin responder.
maltratándome,
acusando tu rostro,
con toda ventaja
y voluntad.
Ay, siempre la debilidad,
es momento de olvidarte,
destruirte,
todo lo que eres
y el rastro donde estuviste.
Porque si te suicidas
en tu sueño,
no estás muriendo.
Me estás matando...
e Iluminaré la noche
para servirte.
Ilustración: Junji Ito

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