No temas, si moriste
encarnando una vida,
si fue un sueño
ven a tu encuentro,
bébete el miedo.
Somos carne masticada,
explotando entre muelas
filosas y amarillas,
escalando alto
y descendiendo muy rápido,
el sabor es metálico,
a sangre oscura...
No hay éxtasis sin memoria,
sin tu nombre,
sin tus caricias,
sin tus adoraciones,
fragmentos de un espejo opaco,
escapándose de tus manos,
señalando tus huellas,
el contorno del dolor,
uno o varios cortes,
en medio del ojo.
¿Quién eres?
Sin ropa en la madrugada,
andando sin responder,
maltratándome,
acusando tu rostro,
con toda ventaja
y voluntad.
Mi cuerpo convulsiona,
con la lengua posada
entre tu mano y el vacío,
naufragando,
he aquí,
ocaso de la mortalidad,
controlas tú,
el remordimiento,
la culpa.
Es momento de destruirte,
todo lo que eres
y el rastro donde estuviste,
porque si te suicidas
en tu sueño,
me estás matando
e iluminaré la noche
para servirte.
Ilustración: Junji Ito

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