Muéstrame en tu nombre,
una clave, una señal,
fracturando las barreras
donde el sonido se contiene,
jugando a las cartas,
mantén rodando las cintas,
cada tibia noche
de
sábado...
Buscas conquistar,
en tus sueños,
las voces que no puedes ver,
es el ruido,
es la superstición,
una marea de fuego
arrojándose con brío
sobre
la tierra...
¿Qué es lo que dices?
¿A dónde vas?
Transformas
tu nombre
en
el
ECO
Humo de los ángeles,
clamor encima de la ciudad,
no es lo que parece,
pantomima de las máquinas,
señuelo y alerta roja,
un parpado se que maquilla...
Aquí tienes una tarjeta,
presentación del interior,
presentación del interior,
órganos que se desenvuelven,
y la voz ronca,
regresando de la muerte,
repitiéndose en un megáfono,
uno con la saliva,
emancipándose de los engranes
de esta realidad,
compuesta a partir de números y letras,
un teclado y más aparatos,
ruidos y voces,
una estela de paso fugaz,
refulgente al desaparecer,
y resultan inútiles tus ojos,
tan inútiles como el lenguaje,
encontrando su límite como
la orilla
del mar
con la tierra.
No hay más relojes,
un gran salón apodado "esmalte",
tapiz de terciopelo rojo,
atándote las manos,
ah, de los recuerdos afanosos,
fueron los momentos
de juventud,
secuenciando la vida,
cuando el mundo fue una perla diminuta
en la palma de tu mano...
Normal, normal, normal,
¿Cuál es su significado?
Deambulando cada noche,
mirando a través de
una ventana apagada,
es el interior de una sala,
peligrosa como fauces de
un animal con hambre,
detrás de la cortina,
esperando cumplir una promesa,
una flecha hueca en su cabeza,
ay, de los instrumentos,
viento, madera, metal,
ay, de los talentos,
enervados en el centro de una hoguera.
Y esto fue
NADA
Uno y mil inventos,
desatando las cuerdas,
estos fueron tus intentos,
profundos, manejando la arcilla,
pintura de
guerra
sobre
tu cara.
Sostén la aguja,
hazla cruzar por tu ojo,
un hilo tan fino,
tan delgado,
tanto por decir,
excepto la verdad
y continúa siendo mentira,
lo que el dinero puede
y no comprar.
Quiénes son tus amigos,
sombras que cruzan detrás
de la puerta,
héroes anónimos,
por supuesto, ya muertos,
su esperanza en el fracaso,
madre de Dios,
inefable parpado de una ballena,
llévame a reencontrar la inocencia,
en este mundo de cielo azul
y secretos bajo sus rocas,
un sonido que sea música perpetua,
ay, de mis
temores,
sin perdón aparente.
Usas una máscara de tiempo,
acaso no puedes ver,
polvo, piel, huesos, tapete,
bordado con pétalos de color,
húmedo en su brillo,
desprendiéndose
del
amanecer...

No hay comentarios.:
Publicar un comentario