Cuenta bien,
los números en mi cabeza,
los minutos que duelen,
dentro de un pecho,
la cuota del silencio.
Afuera,
todos ríen, excepto yo,
planeando sobrevivir mañana,
cuando este mundo ya no exista,
¿Dónde quedarán nuestras promesas?
¿Dónde murieron nuestros sueños?
Estas palabras me afectan,
como los minutos en el reloj,
un pensamiento ajeno,
la posibilidad de morir,
pagar una cuota imposible.
Afuera,
todos parecen felices,
excepto yo,
pretenden abrazar el futuro,
¿Pero, cuándo rescataremos nuestra esperanza?
¿Cuándo nació el monstruo que somos hoy?
Quiero cuentes,
con tus dedos, con tus ojos,
con tu máquina impecable,
cuánto hemos perdido,
derriba los disfraces,
quita las máscaras,
el dolor es real,
el dolor es verdadero.
Afuera,
a todos parece preocuparles la vida,
excepto a mi,
desapareciendo en un recuerdo,
oculto en una sombra que
no tiene nombre,
¿Quiénes somos ahora?
¿Quién quiere sufrir para siempre?
Para ambas preguntas:
nadie.
Quisiera no ser yo,
pretendiendo escoger un destino,
refugiarme en cualquier
sombra de la noche,
compartiendo un sueño
en el foso más profundo
de la nada...
La.
Nada.
Ilustración: San Pablo Eremita por José de Ribera

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