Encontré una salida del mar,
envolviendo con miseria mi máscara,
carne u otra cosa,
mi guía, mi faro,
fueron las voces.
En estos pensamientos arenosos,
sin aire, sin salida,
ahogué lo último de la virtud
en la profundidad de mis deseos
Nací de las arenas movedizas,
en un régimen acuático,
resonando en mis sueños,
como olas que golpean contra
rocas, contra la costa,
mi vida es una ilusión,
la de un rey desamparado
y el máximo pecador.
ay, del cristal de este reloj que se rompe
Hoy,
cometí un sacrificio,
en mis redes de pescador,
ilusiones, deseos,
gané un cielo inmenso,
por igual,
todas las llamas en el infierno.
voy girando en descenso
Laceré mi carne,
mezclado sangre mía
y ajena,
en un rito sepulcral,
la luna se eleva
y cuida los mares con su
mirada trasnochada,
los días desaparecen
durante un bailé embelesador,
mi motivo de vergüenza,
tonto sin remedio,
asesino de las ballenas.
Ilustración: "El ángel del hogar" por Max Ernst










