Estira tu mano,
sin amenazas, sin espasmo,
este sentimiento es lo único
que el dinero no puede comprar,
un instante de misericordia.
Destinado a la materia,
fungiendo como orador,
de momentos irreconciliables,
es la única verdad,
de este cuerpo y su debilidad.
Tan perdida en este mundo,
resulta odiosa la libertad,
poco iluminada por el carisma
de un dictador, dolores de crecimiento,
cuán difícil podemos anunciar la vida,
sin más recursos que los lamentos.
Olvida lo que alguna vez supiste,
por ejemplo, la desilusión,
la ira y otras maneras inútiles,
nos moveremos pronto,
escondiendo de la vista,
lo más sagrado,
la fe, apenas conservando el aliento.
Es verdad, la luz dota de calor,
a los rincones oscuros del mundo,
hablando con optimismo,
el motivo inmaculado,
es básica y real la creencia,
porque nunca es demasiado tarde.
Adiós, a lágrimas y contrariedades,
titubeando al explicar,
lo mucho o poco que importa,
sobrevivir al silencio,
recuperar una pequeña señal,
es ahora o nunca,
ahora o nunca...
vivir a plenitud.

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