Esperé nacer hace tanto,
cien años tan sólo,
contando los días,
se fueron secando mis dedos,
mordidos, mallugados,
caminé fuera el útero,
¿Cuál fue mi nombre?
Bebiendo vino de una nube,
quemé mis pensamientos en el
fragor de una vela,
fue una noche de aquellas,
perdiendo el tiempo,
donde nadie aparece por el camino,
pero todos hablan de morir.
¿Cuál es la respuesta a un misterio?
Caerse en pedazos,
perpetuar tus pensamientos en
los trazos de una carta,
que sus letras formen poemas,
viviendo a la sombra del colectivo,
donde cien años se vuelvan mil,
transformándose en la eternidad.
Comiendo de la mejor fruta,
la más fresca, la más dulce,
congelando la respiración,
bajando por la garganta,
este mundo se volverá un fantasma verde,
aun cuando nadie sea capaz
de asestar golpes mortales,
el crimen es la condena,
repitiéndose una y otra vez.
Cien años, pasando en un parpadeo,
cabalgando un soplido del viento,
sin reservas, sin impedimentos,
vamos cayendo,
arrastrando el delirio,
solitario de los despojos,
me pregunto en silencio,
dónde estaremos mañana,
dentro de cien años,
¿Qué habremos dejado?

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