Siluetas de este deseo enterrado,
encausando el camino,
este racimo de nobleza,
y felicidad entera,
arde el corazón ante las imágenes,
de los ángeles que celebran,
siendo humano, siendo uno,
apenas alcanzas a observar.
Neutraliza este movimiento,
los labios del amor,
sucumbiendo a la sombra del cuerpo,
golpeando la belleza en su rostro,
esta piel podría ser más dura,
impenetrable a las necesidades,
a instantes de morir,
desesperados, resultan
los intentos.
Ah, piedad oscura,
vuelve el tiempo a esa realidad
tan cómoda, calidad, cercana,
el corazón palpita con desenfreno,
piedad, piedad, lágrimas tan frías,
como el tacto de las tumbas,
el silencio roto ante el murmullo,
se vuelve en gritos, risas,
piedad, piedad para los arbustos,
el color primario antes de nacer.
Soledad del interior,
para los adentros de la mente suspicaz,
soñando directo con un abismo
dominado por las moscas,
y de pronto,
la melodía y voz arcana de los escarabajos,
esperando en el cuarto contiguo,
blanco, sin habla, quemando sus hojas,
y de pronto,
la vista insoldable de un laberinto
de tenues muros,
este aroma, este perfume,
eco de la piedad oscura.
Ay, cuál será el destino de estas lágrimas,
al encontrarse rotas,
tomando la mano de la ilusión,
libertad para rezar,
estas paredes van cayéndose,
tras la caricia en llamas,
cuál será el destino, despojado de
auténtica lujuria, de impulsos bajos,
flores que gritan,
crecen sin aviso, sin mesura,
algo a lo lejos también se quema...
es el día,
su resplandor,
habrás despertado,
ay, piedad oscura,
moviendo tan lenta,
pétalos, enredaderas,
colmillos...
Ilustración: "Pietà" por Gustave Moreau

No hay comentarios.:
Publicar un comentario