las semillas de fuego,
Blog dedicado al espacio de la escritura, a la incisión proscrita del alma y su reconocimiento desesperado.
Ay, de nuestras almas,
al servicio de una figura tumbada,
sobre pastizales negros de filos rojos,
cuando el mito fue realidad,
decantándose en el aire sin dueño.
Perséfone, de tus sueños nació la primavera,
a propósito de morir antes que arribe el invierno,
cauto dejo de malas intenciones,
como una botella de vino rota,
gotea desde su cristal,
directo a la piel de vírgenes,
sangre que se impregna en la
corona de un dios infernal.
Ay, el olor de las rosas en el ocaso,
cauto con una herida en el corazón,
el motivo real de un secreto
que involucra flagelación,
ayer naciste gritando como el suspiro
de la fatalidad que se arrastra,
por los tejidos de nuestra realidad moribunda...
La serpiente que muda
constantemente de piel,
ay, de los tiempos malos,
ay, de cada una de las carencias,
en el efímero instante que significa
ser humano.
Perséfone, señora del averno,
selecciona entre tus deseos,
un grano de arena donde el tiempo
perpetuamente se detenga,
tus dedos estarán sedientos,
gritan desde el trono de nubes negras,
señora, eres tú la magnificente flor
de la definitiva inspiración,
el encuentro de los elementos
bajo una tormenta de ceniza
que aun arde, que aun lastima...
Y sufres por el destino de nadie.
por su necesidad de cuerpo,
amor y palabras,
emociones, placeres, alegría y tristeza,
su temor y angustia,
el castigo cruel de ser la señora del averno,
presenciando el miedo en ojos de una estatua,
liberando por siempre al poeta,
hacia su desgracia de gloria y vileza.