Hoy es el fin del tiempo,
una mañana nublada,
como si los días
quisieran castigarse a sí mismos,
escapando fuera del sonido de una voz,
fantasía vuelta en pesadilla.
Un año atrás,
de propia realización,
un sonido lejano sin suceder,
estela quemándose en la palma de
una mano desconocida,
pétalo de una flor que llora,
fantasmas que nunca su temor erradican.
Y fueron ilusiones turbias,
como un río largo que desaparece
en el horizonte tibio,
buscando la sonoridad, el grito,
el calor, un racimo de vida nueva.
Es posible morir sin olvidar,
un trasgo en el fondo
de un vaso curtido con hielo,
sea dolor, éxtasis, una emoción sin despertar,
cambiando la fecha del síntoma,
un camino distinto, decidido,
sin más lágrima,
como definitiva expresión del amor.
Parece una broma que nunca termina,
severa, como la mano divina en papeles
antiguos, en el corazón discapacitado
del destino, una plaga aun sin rostro,
el día que sucede y anuncia
su propia decapitación,
real, sucede y sólo Dios decide,
misericordia o condena.
hoy,
bajo el agua
con el corazón ardiendo
conduciendo rápido
para llegar
visitando el paramo
de las tumbas
una visión gris,
no muy lejana...

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