La sal en tus ojos,
resbala lento hacia tu boca,
choca con su contorno,
húmeda y tibia.
Y se queda sola,
como un susurro perdido
en la negrura del espacio,
ahí donde no brillan las estrellas,
lejos, donde nada importa.
No viene de tus sueños,
sino de un corazón afligido,
aquel donde reposa tu nombre,
una mancha negra en el cielo.
Y debes pagar el precio,
de mantener muy alto el orgullo,
cuando a veces, te derrumbas,
sin existir algún remedio.
Lentamente se enfría,
endureciendo el sonido de tu risa,
acariciando los poros de tu piel,
desapareciendo pronto en un suspiro.
Y sólo le pertenece a tu alma,
anestesiada como el sabor de la sangre
pretendiendo escapar,
hacia donde nunca imaginaste.
Y parece advertir,
cuan infinito puede ser el dolor,
cuanto puede costar,
reparar tu corazón.
¿Quién eres tras la sal en tus ojos
que siempre nubla tu vista?
Ilustración: Odilon Redon

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