martes, 5 de octubre de 2021

COLOSOS

 

Supe de tu nombre,
como un golpe repentino de felicidad,
decidí derrumbar mi vida
en un impulso que atacó mis venas,
entrando por mis ojos,
explotando en el centro nebuloso 
del cosmos.

Supe de la gloria, del eco que abraza 
una voz que jamás titubea, 
obra de la poesía más intensa,
de una personalidad que no se disuelve
a pesar de las horas que se queman
durante la madrugada, 
sin callarse, sin perderse.

Esta es la niebla de la felicidad,
el humo que sale de tus labios,
de tu revólver cargado y caliente,
ahora despiertas de entre los muertos,
ahora que ellos poseen la última palabra,
pintando de negro tu panorama.

Titanes de la genética celestial,
humanos que figuran en los sueños,
de las criaturas que los crearon,
cíclico reflejo del mismo dolor.

Antes de asesinar a un pueblo,
de comer vivo a tu hijo,
lacera tu piel de acero,
respira el fuego de tus guerras,
una maldición envuelta con la 
pantomima de tus deseos,
míos o nuestros,
colosos que sostenemos el cielo,
la tierra con sus mares,
pilares de la caída,
de la desgracia.

Ay, de tu cuerpo surgió un falso profeta, 
advertencia en un eco
que promete jamás desaparecer, 
forjando los pilares de un mundo roto,
la esencia de su mal, con hierro y fuego,
solapando la injusticia mientras
llueven pétalos como lágrimas,
viacrucis de nuestra indiferencia,
oscuros y quemados.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario