Cuál es la distancia entre los átomos,
que conforman un pensamiento,
en el apartado centro de mi cerebro,
donde todo permanece quieto,
abandonado, silencioso...
Todo lo que tengo que hacer,
es sentir vergüenza,
desearle buena suerte a otros,
para que mantengan sus ojos
en el centro de un plato,
oro blanco, suave y lánguido.
Hipnotizado,
la cacería ha iniciado,
está noche es una maleza,
y yo soy el fantasma de lo sagrado,
oro pálido, el secreto mejor guardado.
Todo lo que tengo que hacer,
es dibujar una línea en el cielo,
sin dedos y con los ojos,
estirando el cuello,
atado con una cuerda,
voces en coro destinadas a repetirse
sin encontrar su fin,
ascendiendo a minutos de
conocer la perdición.
Busqué en mis recuerdos
diez años y atrás,
pasaron como un destello,
breve y filoso,
como la hoja blanca de una navaja,
y no sé cuál tiene que ser
mi auténtico destino,
porque nada recuerdo ya.
Hipnotizado,
a punto de caer,
caminando por la orilla resbalosa,
no puedo respirar, no puedo saber,
cuando dolerá continuar con vida,
soy una sombra sin cuerpo,
un sol carente de calor dorado,
no huiré, no puedo hablar,
correcto o equivocado,
desazón de lo imperfecto.
Y esta vida te da la razón,
quedando perdido
en un vacío tan inmenso,
un mundo lleno de problemas
donde sólo puedes ser tú,
manteniéndote firme
y cruzando la tormenta.
y he pensado en cuándo,
he pensado en el cómo,
las preguntas sin respuesta...
Todo lo que tengo que hacer,
es ser yo mismo,
encerrarme en una
escena dramática sin fin,
ser yo mismo,
hombre o animal,
buena suerte,
y hasta siempre...

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