domingo, 17 de octubre de 2021

PERSÉFONE

 

Ay, de nuestras almas,

al servicio de una figura tumbada,

sobre pastizales negros de filos rojos,

cuando el mito fue realidad,

decantándose en el aire sin dueño.


Perséfone, de tus sueños nació la primavera,

a propósito de morir antes que arribe el invierno,

cauto dejo de malas intenciones,

como una botella de vino rota,

gotea desde su cristal,

directo a la piel de vírgenes,

sangre que se impregna en la

corona de un dios infernal.


Ay, el olor de las rosas en el ocaso,

cauto con una herida en el corazón,

el motivo real de un secreto

que involucra flagelación,

ayer naciste gritando como el suspiro

de la fatalidad que se arrastra,

por los tejidos de nuestra realidad moribunda...


La serpiente que muda 

constantemente de piel,

ay, de los tiempos malos,

ay, de cada una de las carencias,

en el efímero instante que significa 

ser humano.


Perséfone, señora del averno,

selecciona entre tus deseos, 

un grano de arena donde el tiempo

perpetuamente se detenga,

tus dedos estarán sedientos,

gritan desde el trono de nubes negras,

señora, eres tú la magnificente flor

de la definitiva inspiración,

el encuentro de los elementos 

bajo una tormenta de ceniza 

que aun arde, que aun lastima...


Y sufres por el destino de nadie.

por su necesidad de cuerpo,

amor y palabras,

emociones, placeres, alegría y tristeza,

su temor y angustia,

el castigo cruel de ser la señora del averno,

presenciando el miedo en ojos de una estatua,

liberando por siempre al poeta,

hacia su desgracia de gloria y vileza.



Ilustración: Proserpina por Dante Gabriel Rosseti

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