Viene y va en suspiro cauto,
imaginación de los días de inocencia,
regando en todos los hijos,
semillas de árboles frondosos y prado verde,
a la sombra de la tierra prometida.
Prepárate para el ocaso,
asoma la luna coronada en ausencia,
sus labios son el fulgor que alumbra
la oscuridad que rodea,
cayendo lentamente en su sueño,
pestilente es el estómago de la bestia.
Abre tus ojos,
suelta tu deseo,
la faena que dure cien años,
sin contemplación o temor,
semillas de amor,
semillas de fuego,
un mundo que arde sin razón.
No todo es una advertencia,
bajo la tutela de voces roncas o claras,
en casa de los amantes de invierno,
dónde quedaron las rosas, las uvas, la carne,
los días condenados,
los secretos a escondidas,
esos años frágiles en la memoria,
vertidos como el mejor vino.
Marca las paredes con sangre,
de otro cuerpo y ya,
un pétalo de orquídea espera caer,
en favor de tu corona opaca,
escribe con cera quemada,
la suavidad de tus ojos,
tan superficial y templada.
Descienden las temporadas,
con ardor, temple o ventisca,
a manos llenas con el tiempo,
una historia infinita de alas rotas,
abanicos de este mundo,
coro de corazones vacíos repitiendo:
"es todo imaginación,
las semillas de amor,
las semillas de fuego,
las semillas de fuego,
las curvas de una sonrisa
que arde sin razón."

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