martes, 17 de diciembre de 2024

CREMATORIO

 

Bien tuve a esperar,
que el polvo arribara del cielo,
bajo el mismo techo estelar,
resplandecimos a la visión,
de cada rostro celestial,
el manto de la revelación.

El olor, aquí los cadáveres acechan,
curando con fuego, 
las enfermedades de mañana,
asoma por vez última el sol,
bajo el párpado de los condenados,
es y será el mismo baile por cumplir,
para los ángeles sin alas ni esperanza.

Ay, medianoche pálida en mis manos,
acto de crear sin reservas, sin mesura,
dame la pluma, mi sangre será la tinta,
mi piel, hojas sueltas al aire,
es este mi último domingo,
desapareciendo en la infinita oscuridad.

No más reyes o reinas que dicten caprichos,
levantan las llamas a pupilas frías,
con las manos sometidas a su sombra,
nada quedará entonces,
ni siquiera el sueño eterno de quienes
esperan renacer a gritos,
cadáveres en afilado rito,
incandescencia nada más.

Tan grande puede ser el universo,
la mentira viajando en una caja,
de cada alma incendiándose en silencio,
atrás queda su piel, sus intenciones,
alguna vez humanos de resplandor,
ahora, imposible de describir.

Aquí, los errores son ceniza,
aquí, las voces son eco en la pared,
una bruma que asfixia pero no mata,
polvo de estrellas en cada mano,
una moneda en cada ojo,
incapaz de bailar con huesos humedos,
alguna vez, trató la vida de candidez y ternura,
ahora, cuando la sangre parece tan seca,
la paciencia termina,
el fuego es motivo y satisfacción.

Bien tuve a esperar,
el golpe de la música,
en el despertar universal,
Gabriel con su trompeta,
paz, alegría, pasión, ira, decepción,
estos labios encontraron la verdad,
las horas a punto de concluir,
su ciclo finito, una vuelta al mundo
cada cuando el sol parpadea,
cuando el mundo es tan diminuto,
frágil e indefenso.

No más peleas por la carne,
queda una luz por apagar,
cae la noche eterna,
el invierno más frío,
alza el fuego en el círculo perfecto,
crematorio de lo que sucedió en vida,
dulce y querida vida,
fuiste lo que debió ser,
golpe de congoja y júbilo,
queda entonces el rastro negro,
de nombres ficticios,
de los cuerpos que fueron
bendiciones bajo la flama.



Ilustración: "La caída de los condenados" por Peter Paul Rubens

No hay comentarios.:

Publicar un comentario