viernes, 27 de diciembre de 2024

LA LUNA LEJANA

 

Vienes en un sueño,
de afuera donde la noche helada
golpea hasta partir el rostro, 
todo el cuerpo, todo el corazón,
y lento extiendes tus manos,
siempre brillando en la oscuridad,
en sus marcas aparece la visión,
o tal vez la conjura,
de suspiros que son lágrimas
y también muy lento resbalan.

Prometes demasiado,
arder quizá en el centro del cielo,
de tu boca liberar tanta lluvia,
cautiva desde el paladar,
y son tus carcajadas,
insoportable castigo,
alta verdad que arde en una brasa,
libera entonces mi cuerpo,
es lo que quiero.

Cielo o infierno,
eres conexión de placer y dolor,
sí, la visión magnifica a complacer
cada esfera transvesal en el universo,
esperando sucecer en la noche fría,
promesa desdeñosa, 
una muerte en silencio,
paz y amor, el tiempo sucediendo
a partir de la fractura del espacio,
la sensualidad etéra y total.

Algo desliza en tus labios,
polvo, azúfre, aire,
estelas que giran y giran,
el dolor de conservar un agujero 
bajo los párpados,
y ahora, cualquier promesa
requiere la misma sensación,
desaparecer del cuerpo,
invadido con la dulzura y martirio
de su voz, escuchas también,
la siempre luna lejana.

Vas navegando por un mar celeste,
sin rumbo o destino,
a través el color cenizo
de un inmortal silencio,
es la deriva tuyo resplandor,
desprendida del frío,
intocable como todas las estrellas
que apenas y centran atención,
devuelves la mirada,
tras los restos del cuerpo,
bajo la lluvia permanente
de polvo en la oscuridad.



Ilustración: Lilian Porter

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