Vienes en un sueño,
de afuera donde la noche fría,
golpea hasta partir el rostro,
todo el cuerpo, todo el corazón,
y lento extiendes tus manos,
siempre brillando en la oscuridad,
en sus marcas aparece la visión,
o tal vez la conjura,
de suspiros que son lágrimas
y muy lento resbalan.
Prometes demasiado,
arder en el centro del cielo,
de tu boca liberar la lluvia,
cautiva en tu paladar,
y son tus carcajadas,
insoportable castigo,
una verdad que arde a las brasas,
libera entonces mi cuerpo,
es lo que quiero.
Algo desliza en tus labios,
polvo, azufre, aire,
estelas que giran y giran,
el dolor de conservar un agujero
bajo los párpados,
y ahora, cualquier promesa
requiere la misma sensación,
desaparecer del cuerpo,
invadido con la dulzura y martirio,
porque en tu voz,
escucho también
la luna lejana.
Y te vas navegando por un mar celeste,
sin rumbo o destino,
a través el color cenizo
de un inmortal silencio,
es la deriva tuyo resplandor,
intocable como todas las estrellas
que apenas y centran atención,
devuelves la mirada,
tras los restos de mi cuerpo,
y llueves permanente,
como polvo
en la oscuridad.
Ilustración: Lilian Porter

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